Aprender a despedirse

Eso es lo que hice hace 2 años. Lo tenía “todo”. Tenía mi propia casa donde vivía con mi pareja y mi propio proyecto/empresa que funcionaba bien.

Creo firmemente en los ciclos de la vida, que cada cosa tiene su espacio y su tiempo, y mientras, el tiempo pasa, todo va cambiando, va evolucionando. En éste caso, yo cambié mucho en poco tiempo, y me di cuenta que lo que antes era mi sueño y me hacía felíz ahora ya no tanto. Me di cuenta de que yo no soy una cosa estática, soy movimiento, mi mente ansía nuevos conocimientos, mi cuerpo nuevos lugares para su movimiento, mi espíritu más experiencias para seguir expandiendo. A si que decidí decir adiós a todo aquello que ya no me hacía felíz. Suena como muy frío, pero la verdad es que no fué así de un día para otro, ni fué sencillo en absoluto. Fué sucediendo de manera natural, como consecuencia lógica del despertar a la vida y a mi misma.

Sufrí mucho, tenía sentimientos encontrados, miedos, culpabilidad, sentido del deber (ese que nos inculcan de trabaja y calla y sé feliz en tu tiempo libre)… y todo eso era un lastre muy pesado. No me estaba dejando avanzar. Pero con ayuda de terapia fui aclarando las cosas y empoderándome, así como quitar la niebla de mis ojos y empezar a sentir que caminaba siempre en compañía, ya no estaba sola, estaba yo misma, cada vez más fuerte y poderosa.

Primero lo dejé con mi pareja, fué muy doloroso darme cuenta después de 8 años que la vida nos estaba separando, que cada vez había menos puntos de encuentro y más de desencuentro. Pero como dice una escritora que admiro (Viajamor), que lo que nos separe sea lo mismo que nos unió. El amor.

Las nuevas circustancias vitales me llevaron a querer marcharme de mi ciudad y conocer más mundo y para eso tenía que vaciar toda mi casa y ponerla en alquiler a un extraño. También parece fácil, así escrito, pero fué super duro para mí despegarme de mi casa. Yo estaba muy muy apegada a ella porque llegó (una herencia) en un momento de mi vida en la que sentía que no tenía un lugar en el mundo, en un momento en el que ansiaba un hogar donde se respirara paz y fuera solamente mi territorio. Ese sentimiento de gratitud hacia mi casa era tan grande que pensaba que no podría vivir sin ella y a la vez sentía que la estaba abandonando!! Parece una locura, cómo puede alguien pensar así sobre algo inanimado? Pues así me sentía. Cada vez que hacía cajas y regalaba cosas se me encogía el corazón porque veía que cada vez estaba más cerca el momento de marcharme de ella.

Otra decisión que iba de la mano de marcharme fué la de dejar mi proyecto. Ese proyecto de Casa Nido que con tanto amor y entusiasmo había creado. Otro duelo que tuve que pasar, pero siempre agradecida y orgullosa de haber llegado a crear algo tan bonito.

Las cosas no salieron exactamente como las había planeado. Alquilé mi casa y me marché de ella pero fuí a vivir con mi madre una temporada (para ahorrar y ganar algo de dinero antes de irme) hasta que unas bonitas circunstancias (el amor) me trajeron hasta África, desde donde escribo ahora, viviendo nuevas aventuras. Pero la historia de amor es otra historia y será contada en otra ocasión 😊. Aquí en África estoy en un stand by de mi vida normal y mi trabajo, estoy teniendo mucho tiempo para mi y me está ayudando a ver cuáles van a ser mis siguientes pasos en la vida.

Lo que quiero transmitiros con todo esto es que lo que nos han querido vender sobre cómo hay que vivir la vida no tenemos porqué comprarlo. Que no hay nada asegurado en esta vida, que todo se puede perder en un solo segundo. Que se nos olvida que cada día es un nuevo comienzo, que cada día elegimos a dónde queremos ir, con quien y hasta dónde. Se nos olvida que el mundo con sus infinitas posibilidades está a nuestros pies y que para eso va a ser muy importante aprender a despedirse de lo que ya no nos hace felices.

No son cosas fáciles de hacer, hay que quitar muchas capas de cebolla, capas de creencias limitantes que están arraigadísimos en nosotros. Creencias que crean monstruos que habitan nuestros sueños, los miedos. Pero como ya he dicho antes, invertir un poco de dinero en una buena terapia y muchas ganas de seguir disfrutando de la vida, serán suficientes motores de arranque para empezar a caminar hacia lo que uno necesita para ser felíz.

En mi caso ese proceso de dejarlo todo después de haberlo tenido todo (me refiero a ese todo socialmente aceptado) y ver que no era el fin del mundo, que no ocurrió ninguna catástrofe (como mis miedos vaticinaban) fué lo que me dió alas para reinventarme cada día, fué lo que me hizo ver que el deber de ser siempre la misma, con la misma profesión, los mismos pensamientos me ahogaba; fué lo que me enseñó a valorarme, lo que me enseñó a ver de una vez por todas que no soy una sola cosa, que yo soy muchas en una, y que la vida es cambio, bonito cambio.

-Ione-

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